Mohamed VI, de “Rey de los Pobres” a “Rey Fantasma”


ECSAHARAUI 

Madrid (ESC).- Estos días tras el devastador terremoto que acabó con la vida de 3.000 marroquíes y ha destruido sus precarias de abobe, la comunidad internacional se ha volcado con Marruecos. Presidentes y jefes de gobiernos de todo el mundo han trasladado sus condolencias y ofrecido ayuda humanitaria a Marruecos y a su rey Mohamed VI, que el pasado sábado decretó tres días de luto por las víctimas de movimiento telúrico.

Sin embargo; Mohamed VI reaccionó tarde y mientras los muertos y heridos aumentaban de forma preocupante a lo largo del fin de semana, poco o nada se conocía de su paradero hasta que la prensa francesa desveló que, en el día de la tragedia, se encontraba en las afueras de París para prolongar sus vacaciones. Según ha desvelado el periodista Ignacio Cembrero en El Confidencial, Mohamed VI estaba instalado en su Palacio de Betz a 80 kilómetros de París desde el día 1 de septiembre, un lugar donde el monarca alauita pasa largas vacaciones y donde posee una lujosa mansión.

La historia juzgará el reinado de Mohamed VI

Coronado en 1999, el actual rey de Marruecos nunca ha podido lucir el atuendo propio de un monarca del siglo XXI. Mohamed VI sólo siguió los pasos de su padre, Hassan II, aplicando los métodos más autoritarios para mantener el país bajo su control absoluto. Su gestión fría, a distancia, de un terremoto cuyo saldo provisional supera ya los 3.000 muertos, es indigna, tanto para su pueblo como para la comunidad internacional, escribe el diario francés Lalsace.fr.

Ausente de Marruecos

Como tantas veces desde su entronización en 1999, después del terremoto, el rey regresó recientemente a su país. Pero ni siquiera se dignó a dirigirse a su pueblo ni desplazarse a las zonas afectadas. Tampoco lo hizo otro miembro del gobierno marroquí. Sin embargo; el embajador de Israel si lo hizo y se desplazó a las zonas afectadas. 

Mohamed VI no tuvo las palabras de consuelo que una nación, herida en su carne, tiene derecho a esperar de su Jefe de Estado. Mientras los líderes de todo el mundo expresaban su competencias, Mohamed VI se comportaba como un burócrata, presidiendo, como el hombre de negocios que es, una reunión de la que sólo surgieron banalidades. Mientras se desarrollaba una carrera contrarreloj para salvar vidas, Marruecos sólo autorizó la llegada de socorristas extranjeros en pequeñas cantidades. Este comportamiento revela poca consideración hacia los marroquíes.

Incluso estando enfermo, Mohamed VI tuvo una oportunidad única, guiado por las circunstancias, de mantener las apariencias. No tuvo éxito. Todos los intentos de justificación serán en vano. Cuando ascendió al trono, generó muchas esperanzas. Con una fortuna estimada entre 2 y 6 mil millones de euros, Mohamed VI hizo prosperar el negocio familiar. Sin embargo, no impulsó a Marruecos al redil de los Estados democráticos. Así, a pesar de una apariencia de vida política transpartidista, todos los poderes siguen en manos de los hombres colocados en puestos clave por la monarquía, en un país donde la corrupción y la ausencia de libertad de prensa son una realidad. 

Mohamed VI, a quien los marroquíes apodaron el “rey de los pobres” al comienzo de su reinado, hace tiempo que se convirtió en el “rey fantasma”.

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