La credibilidad de las Naciones Unidas está en juego.
"Es una mala noticia", así reaccionó un diplomático extranjero citado por el El Watan sobre la candidatura del Secretario General de la ONU Antonio Guterres para un nuevo mandato al frente de la primera organización internacional. El pueblo saharaui no está muy satisfecho con la labor de este socialista portugués.
Cuando en 2016 juró el cargo como Secretario General de las Naciones Unidas sucediendo a Ban Ki Moon, el Frente Polisario esperaba que las cosas en el Sáhara Occidental se movieran para una solución que garantice el derecho de los saharauis a la autodeterminación. Antonio Guterres hasta entonces era el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y, como tal, conocía perfectamente la cuestión saharaui, tanto su parte política como humanitaria, aún así, su mandato para los saharauis fue una decepción.
Cuando en mayo de 2019, su representante especial para el Sáhara Occidental, el ex presidente alemán Horst Köhler, decide tirar la toalla porque el palacio real marroquí estaba poniendo obstáculos en su camino en el cumplimiento de su misión, el Sr. Guterres no reaccionó y dejó vacante su puesto sin designar a un nuevo enviado para el Sáhara Occidental.
En sus informes enviados al Consejo de Seguridad, Antonio Guterres se negó a denunciar los obstáculos y trabas que pone Rabat para impedir que el ex enviado Kohler haga su trabajo.
Curiosamente y después de caso dos años, Antonio Guterres no nombra al reemplazo de Horst Kohler. Y sin él, el proceso de paz está totalmente bloqueado. Porque le corresponde al representante especial implementar el proceso que conduzca a la organización del referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental.
El Frente Polisario y varios países han hecho múltiples llamamientos para protestar contra el bloqueo en el Proceso de Paz y para obligar a Guterres a nombrar un representante personal. Fue allí donde manifestó su abdicación ante las tesis colonialistas de Marruecos. Guterres propuso a un ex primer ministro rumano, Petre Roman, para que se haga el cargo del nuevo enviado especial para mediar en el conflicto, fue en especial un pedido muy requerido por el régimen de Marruecos.
Sin embargo, se sabe que la clase política rumana se encuentra entre las más corruptas del mundo. Tanto es así que se llevó a cabo una violenta revolución nacional en Rumanía para protestar contra la corrupción del poder, lo que obligó a todo el gobierno a dimitir.
El candidato propuesto por el Sr. Guterres participó en 2018 en un Crans Montana, un Foro Económico que Marruecos celebra anualmente en Dajla ocupada para promover su tesis colonial. Esto significa claramente que el Secretario General de la ONU quería enturbiar las aguas en beneficio del colonialismo marroquí y así violar las resoluciones internacionales sobre el Sáhara Occidental.
Este hombre (Antonio Guterres), que no ha brillado en su cargo, que no ha contribuido a ningún arreglo de ningún conflicto en el mundo, busca un nuevo mandato al frente de la mayor organización internacional. Sería un grave error concedérselo. La credibilidad de las Naciones Unidas está en juego.


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